LA
CASA DE LOS CHINITOS
También
denominado Villa Mosaico se ubica en un solar de la Avenida María
Guerrero casi colindante con la Calle Blanca de los Ríos. Fue
adquirido por D. Ramón Gallego Pérez y su esposa Dña. Pilar Ibañez
Soles. De sus descendientes, Rafael y Emilio, éste último
-trabajador de la construcción en Gibraltar- fue el artífice de la
construcción de villa mosaico. Pasaron los años y la Casa de los
Chinitos llegó a ser sede del restaurante «La Media Luna», muy
frecuentado por gibraltareños y linenses de alto postín, no
impidiendo que una parte del terreno continua siendo objeto de
tranquilas reformas para Emilio.
En
aquella época Clemencia y Carlota fueron conocidas como las «Niñas
de la Media Luna». Emilio Gallego , hombre severo con sus dos hijas.
Tanto en su fachada de mosaico como el cerramiento colindante -hoy
desaparecido- se puede contemplar el dibujo de la media luna.
Se
trata de un terreno de forma rectangular con una superficie de 352
metros/2. La edificación ocupa una superficie de 71,25 metros
cuadrados, dando sus linderos a la propia finca y presentando la
fachada a la Avd. Ma Guerrero. Consta de dos crujías paralelas a su
fachada con un corredor central por el que se tiene acceso a las
habitaciones y al patio trasero A este patio trasero se accede por un
porche cubierto bellamente ornamentado.
Las
dos habitaciones que dan a la fachada, presentan unas cenefas
construidas de mosaicos perfectamente estudiados en cuanto a su
simetría y ejecución. Las dos dependencias interiores están
destinadas a cocina y comedor. Las características constructivas en
la vivienda corresponden a las de una época.
Es
decir, muros de mampostería, cerchas de madera con cubrición de
teja curva a dos aguas. Ya en el patio trasero nos encontramos con un
pozo. Un pozo recubierto de mosaicos perfectamente diseñado en
cuanto a los elementos decorativos.
La
«Casa de les Chinitos» ha sembrado historia en La Línea, sobre
todo a raíz del Interés municipal por restaurar su edificación y
concederle un carácter histórico. La propiedad de los terrenos y la
titularidad de la vivienda ha formado parte de un amplio «dossier»
testamentario que sus verdaderos propietarios no han querido desvelar
durante años para evitar problemas judiciales. Ahora salen a la luz
pública documentos en los que se demuestra la significativa
importancia de una mujer, doña Clemencia Gallego, a la que nunca se
le ha reconocido la herencia de ser una de las hijas de don Emilio
Gallego, principal ejecutor de los trabajos de la también llamada
«Villa Mosaico».
La
casa de los Chinitos se encuentra sobre un terreno propiedad de don
Ramón Gallego Pérez, natural de Vélez-Málaga y su esposa Pilar
Ibáñez Doña Gálvez, oriunda de Nerja. Ellos llegaron a La Línea
con sus dos hijos Rafael e Emilio buscando mejorar su situación.
Consiguieron el terreno y construyeron una chabola de madera donde
vivieron cultivando y criando gallinas.
El
hijo mayor Rafael emigra a Buenos Aires, Argentina para trabajar en
el ferrocarril. Su hermano menor Emilio se marchó a trabajar a
Marruecos en casa de una familia Gibraltareña de apellido “Patrón”.
Emilio no sabía leer ni escribir y fue la señorita de la casa,
llamada Clemencia, la que le enseñó las figuras y sonidos del
alfabeto y el con gran empeño y tenacidad aprendió él solo a leer
y escribir. Amaba todo lo bello y le extasiaba ver las construcciones
árabes.
En
Gibraltar se encontraba Manolo Nuza y Carlota Luz Gracia su esposa,
Manolo siendo un contratista con amplio aval y reconocimiento dentro
del Peñón tenían dos hijos, Rafael el mayor, y Elena. Los Nuzas,
eran buenos amigos de la familia Patrón en Marruecos donde trabajaba
Emilio y donde frecuentemente iban a visitar. En una de estas visitas
Elena y Emilio se enamoraron y a pesar de que los padres no deseaban
esta unión por las grandes diferencias que existían entre ellos
dos, al final dieron su consentimiento y ellos muy enamorado se
casaron. Al ser regañada Elena siempre respondía lo mismo "Con
Emilio, pan y cebolla a gusto"
Emilio
no podía quedarse trabajando en la casa señorial y con Elena se
fueron a vivir a la Plaza Fariñas en La Línea y se marchó a
trabajar con su suegro en Gibraltar, el contratista de obras, Manolo
Nuza. ,(quien
con su esposa Carlota siempre lo apoyaron y ayudaron)
A
pesar de las diferencias sociales el amor consiguió que tuvieran
cuatro hijos, dos de ellos, los primeros, murieron y fue Clemencia
(así
llamada por la Srta. que le había enseñado el alfabeto)
la
primera en seguir viva y después de unos años por su hermana
Carlota que nacieron y siguieron la familia. Fueron muy conocidas
como las 'Niñas de la Media Luna'
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Las
"Niñas
de la Media Luna"
Carlota
y Clemencia hijas de Emilio y Elena
|
Cuando
los padres de Emilio, Don Ramón Gallego Pérez y Doña Pilar Ibáñez
Doña murieron, quedó Emilio como único heredero. Su hermano Rafael
se había ubicado muy bien en Buenos Aires donde se había Casado y
tenía una familia de tres hijas. No pensaba regresar.
Fue
entonces cuando Emilio comenzó a construir con la ayuda de su esposa
Elena, y sus dos hijas Clemencia y Carlota (que
apenas si podían acarrear los baldes de agua para la mezcla)
la
casita llamada Villa Mosaico.
Con
mucho sacrificio y trabajo construyeron la casa que ocupa una
superficie de 71.25 metros cuadrados con fachada a la Av. Ma.
Guerrero.
Una vez construida, Emilio empezó a cubrir la fachada con pedazos de losas que en Gibraltar le guardaban para el las tiendas de cristalería así como los amigos.
Una vez construida, Emilio empezó a cubrir la fachada con pedazos de losas que en Gibraltar le guardaban para el las tiendas de cristalería así como los amigos.
El
patio de la casa donde se ubicaba el pozo, lleno de flores
maravillosas de gran perfume y belleza que ambas niñas, Clemencia y
Carlota cuidaban con gran estimo. Clemencia, nuestra madre, siempre
recordaba el olor a su hogar con el perfume de las madreselvas,
jazmines, dama de noche así como rosas, claveles y hortensias y gran
variedad de plantas y flores que muchas veces adornaban la cabeza de
las niñas. Siempre en nuestro hogar de Gibraltar persistía ese
perfume ya que nuestro patios siempre estuvieron llenos de macetas
con dichas flores y matas.
Una vez la fachada construida se abrió el restaurante, (o como mi abuela Elena llamaba, el merendero) con el nombre de La Media Luna. Era Elena quien llevaba el restaurante cocinando y llegando a ser muy conocida por sus lindos arroces, callos y caracoles. Y visitado por una clientela excelente tanto local como de Gibraltar.
Una vez la fachada construida se abrió el restaurante, (o como mi abuela Elena llamaba, el merendero) con el nombre de La Media Luna. Era Elena quien llevaba el restaurante cocinando y llegando a ser muy conocida por sus lindos arroces, callos y caracoles. Y visitado por una clientela excelente tanto local como de Gibraltar.
La
construcción no era tan grande pero tenían un hermoso viñedo que
Clemencia y Carlota recogían con esmero para no estropear los gajos
como su padre Emilio les había enseñado para así poder vender el
producto mejor, y luego las restantes eran puestas al sol para hacer
uvas pasas. Emilio siempre muy severo no dejaba que sus hijas
estuvieran trabajando en el restaurante y fueron educadas en un
colegio privado, Clemencia tocando el piano y cociendo no solamente
sus ropas sino la de toda la familia. Pero las dos trabajaban fuerte
en las labores de la casa así como cuidando el jardín y ayudando al
padre en la viña y lo que hubiera de hacer.
Emilio
seguía trabajando en Gibraltar y por las tardes en su negocio sino
estaba trabajando con sus mosaicos llegando a hacer verdaderas obras
de arte.
Clemencia
que era una bella joven que llamaba la atención de todos los hombres
que por ahí rondaban conoció a Domingo Dañino Baro, chico bien muy
conocido hombre de negocios Gibraltareño, y amigo de Emilio Villar,
por medio de una de sus primas de Gibraltar, Beatriz Dow. Clemencia
aún no había cumplido los 17 años y Domingo con 21 años, se
enamoraron y con las aprobaciones de ambas familias se casaron en un
7 de Julio de 1928 en la Capilla de San José, Gibraltar.
La
boda fue celebrada en el restaurante de la Media Luna con altos
miembros de la sociedad Gibraltareña así como amigos de Estados
Unidos de donde venía la madrina de casamiento Doña Ana Coll mujer
muy pudiente que realizó el sueño de Clemencia vistiendo ropas
hechas en América así como las ropas de las damas de honor entre
ellas Carlota y varias señoritas Gibraltareñas. La fotografía que
sale encima del historial hasta ahora escrito es la de Clemencia en
el brazo de su padre Emilio al ser llevada a la iglesia
El
mucho trabajo, la severidad de Emilio que tenia unas ideas muy
anarquistas y el hecho que su hija favorita Clemencia no estaba en la
casa para suavizar las discusiones con Carlota, rubia de ojos
bellísimos verdes que era la niña de los ojos de su madre Elena y
las dos gozaban de la misma manera de ser y no siempre estaban muy de
acuerdo. Un buen día Emilio cuando habiendo ordenado a su hija
Carlota de no comprar cerca de la casa porque el dueño era de
diferente ideas políticas que el y habiendo sido desatendido bofeteó
a Carlota. Cansadas de todo lo que se pasaba, Carlota y su madre
Elena hicieron las maletas y se fueron a Gibraltar a la casa de sus
padres.
Emilio
fue varias veces a buscarles pero ya cansada Elena, aunque aún
enamorada de él y que jamás se le conoció a ningún hombre, no
volvió con él con lo que junto con Carlota se marcharon para
Inglaterra.
Al
no regresar a La Línea ni Elena ni Carlota el restaurante La Media
Luna cerró. Ya separados Emilio encontró trabajo en el arsenal de
Gibraltar y aunque Domingo, su yerno marido de su hija Clemencia le
llevo a mi primera nieta Ana Lydia para que el la conociera, no
demostró ningún interés y todo contacto se rompió. Las cosas no
le fueron bien a Emilio y poco a poco los terrenos fueron menguando
hasta lo que hoy queda.
Carlota
y su madre Elena regresaron a Gibraltar para que Carlota contrajera
matrimonio con el Dr. Chito Chan un señor chino con residencia en
British North Borneo donde Carlota después de casada estuvo
residiendo por varios años. Su madre Elena se quedó con su hija
Clemencia, yerno y nietas en Gibraltar hasta que viajó para estar
con Carlota en Sandakan, Borneo para el nacimiento de su nieto
Carlos. Volvió a Gibraltar poco antes de la segunda guerra mundial
siguió con la familia Danino viajando durante la guerra a Madeira.
Carlota, su marido e hijo fueron llevados prisioneros de guerra de
los japoneses y no se supo nada de ellos hasta el final de la guerra
cuando regresaron a Gibraltar. Elena vivió con Clemencia hasta el
día de su muerte pero siempre muy cerca de Carlota con quien viajaba
a menudo.
De
la unión entre Clemencia y Domingo, hombre buenisimo, amante esposo
y padre excelente, nacieron Ana Lydia, Clemencia Pilar, Carlota
Alicia, Elena Lina y Winston Dominic todos aun disfrutando de salud y
viviendo en Gibraltar.
De
la unión de Carlota y Chito nació un hijo Carlos que es psicólogo
ubicado en España.
Emilio
Gallego se unió con la señora y tuvieron tres hijas. Emilio fue el
primero en fallecer. Está enterrado en el cementerio de La Línea.
Elena al saber de su muerte entristeció muchísimo y su salud se
vino abajo, al poco tiempo también murió y está enterrada en
Gibraltar.
La
pena muy grande que tenía Clemencia, nuestra madre era que ni su
madre Elena, ni ella y su hermana fueran olvidadas cuando ellas
fueron la que hicieron todo el trabajo.
Este
testimonio ha sido escrito por Ana Lydia Armstrong Danino, nieta
mayor de Emilio Gallego Ibáñez y Elena Nuza Luz e hija de Clemencia
Gallego hija mayor de Emilio y Elena en nombre de sus hermanos
Clemencia Lockyer Dañino, Carlota Rosado Danino, Elena Lina Searle
Danino, Winston Danino y todos los descendientes, como
nuestra madre Clemencia y la abuela Elena y tía Lottie nos contaba.
Es de admirar que aun después de todo lo que pasaron ellas siempre
recordaban al padre con mucho respeto y admiración y alababan lo muy
trabajador que era.
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