LÍNEA DE CONTRAVALACIÓN
La Línea de Contravalación, también llamada Línea de Gibraltar fue un sistema de fortificaciones creado en el siglo XVIII con motivo de la defensa del istmo de Gibraltar frente a incursiones británicas y ante el temor de las autoridades españolas de que el Reino Unido pudiera ampliar sus dominios en el sur de la península extendiéndose más allá del peñón de Gibraltar.1
La construcción de la Línea de Contravalación comenzó en 1730 de la mano de Jorge Próspero de Verboom, que había diseñado prácticamente todos los fuertes de la Bahía de Algeciras, y finalizó en 1735. Esta línea fronteriza fue el germen de la futura población de La Línea de la Concepción.
La estructura de la Línea daba una gran fortaleza y una enorme capacidad de defensa a una zona de por sí muy difícil de defender, llana y arenosa. El sistema de defensa se basaba en dos grandes fuertes artillados y abaluartados en los bordes del istmo y una línea amurallada con pequeños fuertes y baluartes jalonando todo el recorrido.
A levante se localizaba el Fuerte de Santa Bárbara con capacidad para 24 piezas de artillería (18 cañones de a 24 y 6 obuses) y una dotación de hombres muy elevada, Cuerpo de Granaderos, Cuerpo de Caballería con hasta 40 hombres y Cuerpo de Artillería además de un grupo de hombres con la función de limpiar los fosos de tierra. Poseía además 4 cuarteles para la tropa.
A poniente se situaba el Fuerte de San Felipe con similar número de piezas de artillería que el anterior, 18 cañones de a 24 y seis obuses y con idéntica dotación de hombres, a saber, Cuerpo de Granaderos, cuarenta unidades de caballería y artilleros. Tenía cuarteles con capacidad para ochenta hombres y oficiales.
Entre ambos fuertes se disponían de forma equidistante cinco cuerpos de guardia artillados y abaluartados, los baluartes de San Benito, Santa Mariana, San José, San Fernando y San Carlos con capacidad para 25 hombres cada uno y capaces de montar cañones.
La Línea de Contravalación fue destruida en 1810, al igual que la mayoría de las fortificaciones de la Bahía de Algeciras, por el cuerpo de zapadores británico con el pretexto de impedir que cayera en manos de las tropas napoleónicas y con la autorización del gobierno español, circunstancial aliado del Reino Unido.2 Hoy en día el lugar donde estuvo esta fortificación se corresponde con la Avenida del Ejército del municipio linense.
En la actualidad, de la muralla propiamente dicha pueden verse restos de un parapeto para la fusilería y otros restos quizás pertenecientes al baluarte de San Fernando.
Bajo la protección de la Declaración genérica del Decreto de 22 de abril de 1949, y la Ley 16/1985 sobre el Patrimonio Histórico Español.
Las ruinas del Fuerte de Santa Bárbara se encuentran situadas al este de La Línea de la Concepción, a orillas del Mar Mediterráneo. El citado fuerte, junto con el de San Felipe, las plazas de armas y baterías intermedias de San Benito y Santa Mariana, formaban la línea de Contravalación de la plaza de Gibraltar, que cerraban totalmente el istmo de mar a mar. Fue mandado construir por Real Orden de 2 de noviembre de 1730, durante el reinado de Felipe V. Todas estas fortificaciones fueron demolidas por el Real Cuerpo de Ingenieros de la guarnición de Gibraltar el 19 de enero de 1810, siendo Inglaterra aliada de España en la Guerra de la Independencia.
Para completar el cierre, se unen estos fuertes con un línea de muralla, y para mayor defensa, se disponen equidistantes por toda la cortina de muralla pequeños baluartes con sus respectivos cuerpos de guardia.
A principios del siglo XIX, debido a la invasión de las tropas napoleónicas, España firma una alianza de mutua defensa con Inglaterra, a fin de combatir a los franceses. Los ingleses aprovechan para destruir las fortificaciones de La Línea de Gibraltar, con el pretexto de que esta fortaleza podría caer en poder de los franceses. Son voladas el 14 de febrero de 1810.
Esta es la información oficial de dicho lugar.
Colindante con la playa, estas ruinas son un lugar idóneo para visitar con buen tiempo.
Debemos llevar unas deportivas, una cámara de fotos para inmortalizar nuestros paseos por las ruinas.
El tiempo estimado de la visita son aproximadamente unos 45 minutos, puedes llevar comida y almorzar en la playa, tan sencillo como eso.
Si visitas en buena temporada quizás te apetezca un baño en la playa de Santa Bárbara
EL 2 de febrero de 1810 el teniente-gobernador de Gibraltar, con el previo consentimiento de las autoridades españolas, mandó destruir las fortificaciones de la Línea de Contravalación. La demolición de las baterías y fuertes españoles se extendió finalmente a las obras existentes en el arco de la bahía de Algeciras y a lo largo de la costa hasta la isla de Tarifa.
En tan sólo 15 días, los franceses habían ocupado casi toda Andalucía, excepto Cádiz, y se esperaba de forma inminente su llegada al Campo de Gibraltar, donde los primeros franceses aparecieron los días 13 y 14 de febrero en Tarifa y Algeciras. Coincidiendo con la llegada de las avanzadas napoleónicas y ante el temor de que pudieran hacer uso de las fortificaciones españolas de la Línea de Contravalación contra el Peñón, ingenieros británicos procedieron el día 14 a su voladura, continuando después con la completa destrucción de las baterías españolas situadas en el arco de la bahía de Algeciras y litoral hasta Tarifa.
Juan A. Padrón Sandoval, en su artículo 'La destrucción de las fortificaciones españolas en el entorno de Gibraltar durante la guerra de la independencia', que aconsejo que leáis, comenta que "todavía hoy se especula abiertamente sobre del origen de la orden por la cual se procedió a aquellas demoliciones, aceptándose la teoría -ante la aparente falta de documentos y no sin el recelo de ciertos historiadores- de que se hizo con el previo consentimiento de las autoridades españolas, pero sin descartarse la posibilidad de que la orden fuera dictada por iniciativa propia del entonces teniente-gobernador de Gibraltar, el mayor-general Colin Campbell. Así se manifestaba el historiador británico George Hills, quien consideraba esa posibilidad como la más probable mientras no existieran otras fuentes primarias que pudieran explicar si dicha demolición se solicitó o fue autorizada por alguna autoridad española o británica. Para Hills, con el tiempo surgieron tres teorías diferentes: Campbell ordenó la demolición por su propia autoridad, con instrucciones del gobierno británico o a petición del general Castaños. Los autores españoles, por lo general, han favorecido la segunda opción, mientras que para algunos británicos la destrucción de las baterías de La Línea se hizo a requerimiento del gobierno español. No han faltado, por último, historiadores que, lejos de opiniones interesadas, asumen que la destrucción de las fortificaciones españolas se hizo con el previo consentimiento de la Regencia, tal y como también afirmaba el investigador gibraltareño Tito Benady, aportando para ello nuevos datos sobre el particular que parecían no dejar lugar a dudas".
La existencia de las fortificaciones españolas siempre había incomodado a las autoridades del Peñón. Sin esperar a recibir instrucciones desde Londres, la ruptura del frente de Sierra Morena y la presencia del enemigo a una distancia de catorce días de marcha del Campo de Gibraltar, indujo a Campbell (que también actuaba como teniente-gobernador de Gibraltar) a contactar con el general Francisco Javier Castaños para plantearle la necesidad de preparar las obras de fortificación españolas del istmo y en torno al Peñón con el objeto de su eventual destrucción por medio de minas ante la amenaza que podrían suponer para Gibraltar en el caso de que hicieran uso de ella los franceses.
El 20 de enero, tras tener ya la aprobación inicial del general Castaños por medio del cónsul Emmanuel Viale, Campbell ordenó inmediatamente al comandante de ingenieros de la guarnición de Gibraltar, el teniente-coronel Sir Charles Holloway, que se preparara para minar los fuertes. No obstante, aún sería necesario el permiso del comandante general del Campo. Campbell pedía que se dejara pasar a un cuerpo de minadores para llevar a cabo la destrucción. La respuesta no se demoró. Al día siguiente, el comandante general interino del Campo de Gibraltar, José del Pozo y Sucre, mariscal de campo e ingeniero director subinspector de la provincia de Andalucía, contestó que "no estando en aquel día tan apuradas las circunstancias, ni siendo posible al enemigo el penetrar en el Campo con la rapidez que acostumbra, sometería su reclamación al Gobierno".
El teniente-coronel José González de Molina, capitán de la compañía de Escopeteros de Getares y comandante de la Línea de Gibraltar en la época que tuvo lugar su destrucción, declararán años más tarde que "en ese tiempo el estado hizo entender al comandante general del Campo que los ingleses querían demoler todas las fortificaciones de la Línea; que inmediatamente dicho general manifestó al gobernador de la plaza que no podía acceder a semejante operación mientras no fuese informado del asunto y le diese sus órdenes el gobierno del Reino, y que después de varias contestaciones le dijo el mismo general al declarante que no se podía resistir y que por lo tanto hiciera la vista gorda (palabras textuales) y dejase obrar a los ingleses".
Obtenido el permiso de las autoridades españolas, el teniente-gobernador Campbell ordenó comenzar los trabajos de minado en las líneas y los fuertes de la Contravalación aquel mismo día 2 de febrero. Inmediatamente se tomaron las disposiciones necesarias por parte del comandante de ingenieros de la guarnición, el teniente-coronel Hollway, quien ordenó al también teniente-coronel Henry Evatt y al segundo capitán George Judd Harding, del cuerpo de Reales Ingenieros, que procediesen con la demolición por minado de los fuertes de Santa Bárbara y de San Felipe, lo que en efecto, bajo la dirección del teniente-coronel Evatt y del capitán Harding, se destacó a los fuertes de Santa Bárbara y de San Felipe un fuerte destacamento de minadores perteneciente a las dos compañías del cuerpo de Reales Artificieros Militares acuarteladas en el Peñón.
Durante los trabajos se cubrió al destacamento con una fuerza de 500 a 800 soldados de la guarnición. Avanzados los trabajos de minado de los fuertes, el 10 de febrero comenzó la demolición de los muros de mampostería de contención del glacis o explanada de las banquetas de piedra y de los alojamientos de la guardia de las líneas españolas que cruzaban el istmo entre Santa Bárbara y San Felipe, labor que se encomendó a los oficiales y empleados del astillero gibraltareño, los cuales fueron asistidos a partir del día siguiente por comerciantes y habitantes del Peñón que se ofrecieron voluntarios, así como por una partida de minadores, todos los cuales arrasaron en apenas dos jornadas el muro o banqueta que conformaba la Línea.
Completado el minado, el 14 de febrero aparecieron en el horizonte los primeros franceses. A las dos y media de la tarde de ese día un destacamento de unos 240 dragones franceses procedente de Medina Sidonia se aproximó a Algeciras, entrando en la ciudad una patrulla de unos 20 hombres al mando de un oficial que, tras reclamar los caudales públicos existentes, se retiró una vez obtenida la entrega de 38.000 reales de vellón y una partida de tabaco. Enterado el teniente-gobernador Campbell de que los franceses estaban ya en Algeciras, a sólo 8 millas de distancia por tierra, consideró llegado el momento de proceder a la voladura de las líneas españolas tras haber ordenado la colocación de los barriles de pólvora en los hornillos. Mientras se colocaban las cargas en los lugares señalados que, según un oficial británico que participó en los trabajos, "eran en las partes que más poder destructivo podrían causar y, en caso de que algo quedara, que se cuarteara hasta los cimientos para que fuese imposible su reconstrucción", algunos artilleros y artificieros del Peñón se dedicaron a tirar a los pozos, aljibes y lugares comunes lo poco que allí había quedado, la mayoría para ellos inservible, como balas, carcasas, bengalas y repuesto de cañones, "para que no lo pudieran aprovechar los españoles, que estaban atentos a cuanto hacíamos, pero sin intervenir".
Acordada la orden de prender las mechas a cierta hora, la contraseña para alertar a los de la plaza consistía en lanzar una bengala, que indicaría que todas las cargas estaban puestas tanto en los dos fuertes y plazas de armas como en los muros de la Contravalación. Una vez lanzada la bengala, todo el personal debía estar alejado de las líneas españolas y tan pronto se escuchó el ruido de un disparo de cañón desde la batería de Queen's Line se comenzó a prender fuego a todas las mechas, todos a una, para no ocasionar víctimas ni accidentes en los artificieros. Cuando se produjo la explosión el espectáculo fue grandioso, fenomenal, elevándose una gran polvareda con suma majestuosidad hacia el cielo. Las minas colocadas en los fuertes de la Línea explotaron muy irregularmente, pero por la magnitud de sus cargas hicieron volar el fuerte totalmente en pedazos. Estas obras se encontraban completamente arrasadas el día 12, después de lo cual las mismas partidas continuaron con la demolición del pequeño fuerte de la Atunara, en la playa de Levante de La Línea. Según el cronista sanroqueño Lorenzo Valverde, los británicos destrozaron, además, el cuartel general de Buenavista (en Campamento) y otro edificio contiguo que fue hospital de la Sangre durante el bloqueo de Gibraltar en 1782 y que más tarde sirvió de cuartel de caballería también en Campamento. Asimismo, destruyeron el Parque de Ingenieros, el de Artillería y el cuartel de caballería llamado de Tessé en la margen del río Cachón. En el término de pocos días los aliados inutilizaron un caudal inmenso y, no quedando ahí la cosa, después algunos particulares se llevaron a Gibraltar muchas de las piedras de sillería de las ruinas con las que hicieron varias casas, entre ellas las que hay a la entrada de la calle Ingenieros, por la parte de la plaza de Artilleros, y otras dos en la calle Real, junto al Correo.
Solo quedan unas ruinas, vestigio de lo que fue el origen de la primitiva aldea de La Línea de Gibraltar. Si los ciudadanos conocieran bien su historia, creo que le tendrían más respeto y ayudarían a su conservación.
Así se encuentra ahora en la actualidad partes de ella:
Y así se encontraba cuando todavía no la destruyeron:
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